Égica (c. 610 – 702) fue uno de los últimos reyes del reino visigodo de Toledo (687 – 702). Fue coronado el 24 de noviembre de 687 en la Iglesia de los Santos Apóstoles de Toledo. Estaba casado con Cixilona, hija de su antecesor, Ervigio.
Ervigio obligó a Égica a proteger a su familia bajo juramento, pero Égica, movido por el odio que sentía hacia su familia política, no tardó en intentar librarse de esa imposición. Así en el XV Concilio de Toledo, que se inauguró en la iglesia de los Santos Apóstoles el 11 de mayo de 688, Égica mantuvo la imposibilidad de cumplir el juramento que le obligaba a defender a la familia real y, al mismo tiempo, el real que le obligaba a prestar justicia al pueblo; porque reparar las injusticias al pueblo suponía revertir a sus auténticos dueños los bienes expoliados por la casa real. El concilio resolvió que ambos juramentos eran complementarios, pues nada impedía castigar a los culpables, aunque se les diera protección a los inocentes.
No contento con el resultado, Égica convocó un sínodo de obispos en Zaragoza el 1 de noviembre de 691, revocando parcialmente el concilio y permitiendo mano libre con la familia real a Égica. Sin embargo, esto no evitó los conflictos con la nobleza y la Iglesia, especialmente lejos de la Tarraconense, donde se encontraba más protegido.
Los rebeldes llegaron a colocar en el trono a Suniefredo (692), pero el rey reunió tropas, regresó a Toledo y la tomó por las armas, imponiendo nuevamente su autoridad. Para dar legitimidad a su acción, convocó el XVI Concilio de Toledo en 693, el cual permitió la confiscación de los bienes de los sublevados y su incorporación al tesoro real. La sede del obispado de Toledo y el de Sevilla quedaron en manos de hombres leales al rey.
Trató de modificar la legislación anterior, en especial el Código de Recesvinto, con suerte dispar, en un intento por consolidar el trono. Dictó una serie de normas contra los judíos apoyadas en una ley civil y ratificadas en el XVII Concilio de Toledo. Con el Tomo Regio se reactiva la política antijudía, y contiene tanto leyes anteriores como nuevas, principalmente centradas en el ámbito económico, como la prohibición de comerciar o el incremento de los impuestos; y en el social: Disgregación de comunidades judías y obligación de entregar al hijo a la edad de 7 años a una familia cristiana. Pero hay serias dudas de que estas leyes se llevaran a la práctica con carácter general. Egica se procuró el apoyo de la Iglesia para evitar que a su muerte, su familia sufriese una persecución similar a la que él había dispensado a su antecesor.
El 15 de noviembre de 700, Égica nombró sucesor a su hijo Witiza, a quien se le confió el gobierno de Gallaecia, estableciendo su residencia real en Tude (Tuy en la actualidad). Witiza tuvo desde entonces la consideración de rey pleno, y los dos años siguientes fueron llamados de “gobierno conjunto” (en las monedas Regni concordia). En esta época se produce un desembarco bizantino en el Levante y tanto la peste como las malas cosechas hacen que se creen focos de tensión y revueltas. Witiza quedó como rey único tras la muerte de Égica en el 702.
domingo, 2 de mayo de 2010
Witiza (700-710)
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Rey visigodo que gobernó sobre el Reino visigodo de Toledo. En el 698 fue asociado al trono para garantizar su sucesión; reinó conjuntamente "regni concordia" con su padre desde el 15 de noviembre del 700 hasta el 702, fecha en que falleció Égica, su progenitor, reinando como rey único desde este momento y hasta su muerte ocurrida en el 710.
BIOGRAFÍA
Sucedió en el trono a Égica, después de que en el 698 éste le asociara al trono y, desde el 700 (15 de noviembre) al 702, ambos reinaran conjuntamente. Su reinado coincide con la crisis final del reino de Toledo. En esos momentos, el poder de los reyes era muy reducido, y el Estado se encontraba dividido en células, en las que los nobles actuaban como señores independientes.
Fijó su sede real en la ciudad de Tuy. A la muerte de su padre le sucede como rey de los visigodos.
Witiza parece haber sido un gobernante más suave que su padre. Consciente a buen seguro de las tensiones creadas por su antecesor con sus persecuciones, llamó a los desterrados por su padre y les devolvió sus propiedades y sus esclavos y quemó públicamente las declaraciones, que habían firmado obligados, sobre deudas al tesoro. Incluso les devolvió sus cargos palatinos.
Su reinado se inició con la celebración del XVIII Concilio de Toledo, cuyas actas no se han conservado, en el cual seguramente se le confirmó en el trono. Estaría presidido por el metropolitano Felix, al que algo más tarde sucedió Gunderico o Gulderico (quien no debió ejercer el cargo muchos años, pues en los últimos años de Witiza era metropolitano Sinderedo, quien dirigía al clero con mano férrea, siguiendo los dictados regios).
Poco se sabe de su reinado, pero el cronista anónimo continuador de la Crónica de San Isidoro menciona que trajo prosperidad y gozo a Hispania.
Witiza, hacia el final de su reinado, asoció al trono a su hijo Agila, lo que quizás desagradó a los nobles, a quienes podía no gustar el príncipe, o podían desear elegir otro rey, ya que la sucesión dinástica Egica-Witiza-Agila contradecía la tradición electiva del monarca del Reino Visigodo.
Se cree que se enfrentó al dux de la Bética Teudefredo, pero las causas son inciertas.
A su muerte hacia el año 710, una facción de funcionarios palatinos, seguramente derivada de los perjudicados por Égica, en el senado colocó en el trono a Roderico (conocido habitualmente como Don Rodrigo), quien no obtuvo el apoyo de buena parte de la nobleza ni tampoco del clero. Aunque se supone a Rodrigo combatiendo a los vascones cuando desembarcaron los árabes el 711, lo más probable es que hubiera debido hacer frente a una rebelión de la nobleza partidaria de Witiza, que dirigida por los magnates que apoyaban a los hijos del fallecido rey -ya que estos debieron haber sido niños aún al momento de la muerte de su padre-, dominaba al menos la Tarraconense y Narbonense (de Rodrigo consta el dominio de Lusitania y Cartaginense porque en ambas emitió moneda, y de la Bética, de donde probablemente era duque, porque en ella estuvo luchando como rey el 711).
CURIOSIDADES
Es conocida la acusación constante de todos los historiadores sobre la perversidad moral del rey visigodo, basado en crónicas históricas posteriores.
Las noticias de su reinado son escasas y confusas, atribuyéndose al monarca fama de lujurioso y deshonesto. Promovió escandalosas costumbres, disolvió los concilios y selló los cánones. Tomó nuevas esposas y concubinas, y para evitar la posible represión de la iglesia, toleró que los obispos, presbíteros y diáconos gozasen de los placeres de las mujeres.
Así mismo, él se enamoró de su sobrina, la hermosa Luz Vitula Fernández, la cual le rechazaba, ya que estaba enamorada de otro tío suyo: Favila, duque de Cantabria, con el cual se casó en secreto y tuvo como descendientes a Pelayo (famoso héroe en la batalla de Covadonga contra los musulmanes) y Ormesinda.
Tras la muerte de Favila a manos de Witiza, según la crónica Albeldense, su viuda doña Luz y sus hijos fueron desterrados a las tierras del norte.
DESCENDENCIA
- Agila, rey visigodo opositor a Don Rodrigo.
- Alamundo. De él desciende Sara; y de ella, el cronista andalusí Ibn al-Qutiyya.
- Artobas, también conocido como Ardavasto, Sisberto o Sisebuto, quien fue señor o rey de los cristianos tributarios de Gallaecia y Lusitania, teniendo su sede en Coímbra. Su descendiente más celebrado es el duque Hermenegildo Gutiérrez, reconquistador de Coimbra en el siglo X.
Rey visigodo que gobernó sobre el Reino visigodo de Toledo. En el 698 fue asociado al trono para garantizar su sucesión; reinó conjuntamente "regni concordia" con su padre desde el 15 de noviembre del 700 hasta el 702, fecha en que falleció Égica, su progenitor, reinando como rey único desde este momento y hasta su muerte ocurrida en el 710.
BIOGRAFÍA
Sucedió en el trono a Égica, después de que en el 698 éste le asociara al trono y, desde el 700 (15 de noviembre) al 702, ambos reinaran conjuntamente. Su reinado coincide con la crisis final del reino de Toledo. En esos momentos, el poder de los reyes era muy reducido, y el Estado se encontraba dividido en células, en las que los nobles actuaban como señores independientes.
Fijó su sede real en la ciudad de Tuy. A la muerte de su padre le sucede como rey de los visigodos.
Witiza parece haber sido un gobernante más suave que su padre. Consciente a buen seguro de las tensiones creadas por su antecesor con sus persecuciones, llamó a los desterrados por su padre y les devolvió sus propiedades y sus esclavos y quemó públicamente las declaraciones, que habían firmado obligados, sobre deudas al tesoro. Incluso les devolvió sus cargos palatinos.
Su reinado se inició con la celebración del XVIII Concilio de Toledo, cuyas actas no se han conservado, en el cual seguramente se le confirmó en el trono. Estaría presidido por el metropolitano Felix, al que algo más tarde sucedió Gunderico o Gulderico (quien no debió ejercer el cargo muchos años, pues en los últimos años de Witiza era metropolitano Sinderedo, quien dirigía al clero con mano férrea, siguiendo los dictados regios).
Poco se sabe de su reinado, pero el cronista anónimo continuador de la Crónica de San Isidoro menciona que trajo prosperidad y gozo a Hispania.
Witiza, hacia el final de su reinado, asoció al trono a su hijo Agila, lo que quizás desagradó a los nobles, a quienes podía no gustar el príncipe, o podían desear elegir otro rey, ya que la sucesión dinástica Egica-Witiza-Agila contradecía la tradición electiva del monarca del Reino Visigodo.
Se cree que se enfrentó al dux de la Bética Teudefredo, pero las causas son inciertas.
A su muerte hacia el año 710, una facción de funcionarios palatinos, seguramente derivada de los perjudicados por Égica, en el senado colocó en el trono a Roderico (conocido habitualmente como Don Rodrigo), quien no obtuvo el apoyo de buena parte de la nobleza ni tampoco del clero. Aunque se supone a Rodrigo combatiendo a los vascones cuando desembarcaron los árabes el 711, lo más probable es que hubiera debido hacer frente a una rebelión de la nobleza partidaria de Witiza, que dirigida por los magnates que apoyaban a los hijos del fallecido rey -ya que estos debieron haber sido niños aún al momento de la muerte de su padre-, dominaba al menos la Tarraconense y Narbonense (de Rodrigo consta el dominio de Lusitania y Cartaginense porque en ambas emitió moneda, y de la Bética, de donde probablemente era duque, porque en ella estuvo luchando como rey el 711).
CURIOSIDADES
Es conocida la acusación constante de todos los historiadores sobre la perversidad moral del rey visigodo, basado en crónicas históricas posteriores.
Las noticias de su reinado son escasas y confusas, atribuyéndose al monarca fama de lujurioso y deshonesto. Promovió escandalosas costumbres, disolvió los concilios y selló los cánones. Tomó nuevas esposas y concubinas, y para evitar la posible represión de la iglesia, toleró que los obispos, presbíteros y diáconos gozasen de los placeres de las mujeres.
Así mismo, él se enamoró de su sobrina, la hermosa Luz Vitula Fernández, la cual le rechazaba, ya que estaba enamorada de otro tío suyo: Favila, duque de Cantabria, con el cual se casó en secreto y tuvo como descendientes a Pelayo (famoso héroe en la batalla de Covadonga contra los musulmanes) y Ormesinda.
Tras la muerte de Favila a manos de Witiza, según la crónica Albeldense, su viuda doña Luz y sus hijos fueron desterrados a las tierras del norte.
DESCENDENCIA
- Agila, rey visigodo opositor a Don Rodrigo.
- Alamundo. De él desciende Sara; y de ella, el cronista andalusí Ibn al-Qutiyya.
- Artobas, también conocido como Ardavasto, Sisberto o Sisebuto, quien fue señor o rey de los cristianos tributarios de Gallaecia y Lusitania, teniendo su sede en Coímbra. Su descendiente más celebrado es el duque Hermenegildo Gutiérrez, reconquistador de Coimbra en el siglo X.
Rodrigo (710-711)
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Roderico o Rodrigo en español y portugués, Roderic, Roderick, Roderik en idiomas germánicos, Rurik en eslavo, fue rey visigodo de Hispania entre el 1 de marzo del 710 y el mes de julio del 711, fecha en la que fue vencido por los musulmanes en la batalla de Guadalete y desapareció, presumiblemente muerto.
Una gran parte de la historiografía considera que, con su derrota, el reino visigodo de Toledo llegó a su fin.
CORONACIÓN
Desempeñaba el cargo de gobernador de la Bética cuando, al fallecer Witiza, fue aupado al poder por un poderoso grupo de nobles, con lo que entró en conflicto con Agila II, soberano en la Tarraconensis y la Narbonensis, e hijo del fallecido monarca. Estalló entonces una lucha por el trono que desembocó en la llamada de auxilio a los musulmanes, auspiciada por los partidarios de Ágila y facilitada por el conde de Ceuta, Don Julián. Los musulmanes prepararon una expedición. Táriq ibn Ziyad desembarcó antes en Gibraltar para tantear el terreno, para más tarde partir de nuevo con aproximadamente 7.000 efectivos desde Tánger a Gibraltar en naves pagadas con el oro de don Julián. Táriq ibn Ziyad, gobernador de Tánger, estaba al mando del contingente, en su mayoría bereber. De hecho, por causa de la ausencia del rey (por aquellos días en el norte) tuvieron tiempo para establecer su base en el lugar donde más tarde se alzaría la ciudad de Algeciras, rechazando a un pequeño contingente visigodo que trató de expulsarlos de la zona. Tras oír sobre esto, Rodrigo se apresuró al sur y el 19 de julio atacó a la expedición musulmana en pleno valle de Barbate, pero cometió el error de confiar en sus rivales, a los que encomendó una parte importante de su ejército, que le abandonó momentos antes de iniciarse el combate. En inferioridad numérica, fue vencido por los musulmanes.
MUERTE
Del último monarca visigodo no se sabe si desapareció o realmente murió en la batalla, el único dato que se conoce es que su caballo fue encontrado asaetado cerca del río. Hay referentes que, tras la derrota, lo sitúan como rey independiente de la antigua provincia de la Lusitania, y se menciona en la Crónica de Alfonso III la aparición de su tumba en Viseu.
LEYENDA
Portada de La crónica del rey don Rodrigo, que recoge las tradiciones sobre el último rey visigodo y la pérdida de España.Por otro lado, la historia de todo ello se engrosa con una leyenda que enlaza a Don Rodrigo con la familia de Don Julián. Según cuenta la leyenda, Don Julián, Conde de Ceuta, como muchos otros nobles, envía a su hija Florinda (la Cava) a la corte de Toledo para ser educada y también con la idea de que era un buen lugar para encontrar marido entre los hijos de otros nobles. Por aquella época, el rey visigodo Don Rodrigo padecía sarna y era Florinda la elegida para que le limpiara la sarna con un delicado alfiler de oro. Así se fue fijando el rey Don Rodrigo en ella, queriéndola poseer, pero no en matrimonio. Con el tiempo y guiado por la lascivia, forzó a la joven. Ella, tras la consumación del acto, envía a su padre una serie de regalos entre los que pone un huevo podrido. Don Julián, recibiéndolo, comprendió lo que había pasado. Fue a Toledo a reclamar a su hija, aunque para no levantar sospecha, dice que debía llevarse a Florinda con él, ya que su mujer estaba terriblemente enferma y sólo la visión de su hija podía hacer que recobrase algo la salud. Don Rodrigo no desconfía y entrega la chica a su padre. Don Julián regresa a Ceuta y más ofendido que nunca entabla conversaciones con Musa ibn Nusair, para desembarcar en la Península Ibérica. Lo que no esperaba nadie es que los musulmanes tuvieran planeado quedarse allí. De hecho, con anterioridad se había hecho, por ejemplo Atanagildo llamando a los bizantinos o Sisenando, llamado a los francos, para que apoyaran a un noble u otro en las luchas intestinas de los visigodos. ¿Por qué no llamar ahora al nuevo poder emergente musulmán?
De todos modos, al margen de esta historia coexisten una serie de pruebas menores que demuestran cómo, de algún modo u otro, Julián y parte de la aristocracia visigoda se esfuerzan deliberadamente por despertar el interés de los musulmanes hacia la Península y de que en un primer momento les prestaron considerable ayuda.
Roderico o Rodrigo en español y portugués, Roderic, Roderick, Roderik en idiomas germánicos, Rurik en eslavo, fue rey visigodo de Hispania entre el 1 de marzo del 710 y el mes de julio del 711, fecha en la que fue vencido por los musulmanes en la batalla de Guadalete y desapareció, presumiblemente muerto.
Una gran parte de la historiografía considera que, con su derrota, el reino visigodo de Toledo llegó a su fin.
CORONACIÓN
Desempeñaba el cargo de gobernador de la Bética cuando, al fallecer Witiza, fue aupado al poder por un poderoso grupo de nobles, con lo que entró en conflicto con Agila II, soberano en la Tarraconensis y la Narbonensis, e hijo del fallecido monarca. Estalló entonces una lucha por el trono que desembocó en la llamada de auxilio a los musulmanes, auspiciada por los partidarios de Ágila y facilitada por el conde de Ceuta, Don Julián. Los musulmanes prepararon una expedición. Táriq ibn Ziyad desembarcó antes en Gibraltar para tantear el terreno, para más tarde partir de nuevo con aproximadamente 7.000 efectivos desde Tánger a Gibraltar en naves pagadas con el oro de don Julián. Táriq ibn Ziyad, gobernador de Tánger, estaba al mando del contingente, en su mayoría bereber. De hecho, por causa de la ausencia del rey (por aquellos días en el norte) tuvieron tiempo para establecer su base en el lugar donde más tarde se alzaría la ciudad de Algeciras, rechazando a un pequeño contingente visigodo que trató de expulsarlos de la zona. Tras oír sobre esto, Rodrigo se apresuró al sur y el 19 de julio atacó a la expedición musulmana en pleno valle de Barbate, pero cometió el error de confiar en sus rivales, a los que encomendó una parte importante de su ejército, que le abandonó momentos antes de iniciarse el combate. En inferioridad numérica, fue vencido por los musulmanes.
MUERTE
Del último monarca visigodo no se sabe si desapareció o realmente murió en la batalla, el único dato que se conoce es que su caballo fue encontrado asaetado cerca del río. Hay referentes que, tras la derrota, lo sitúan como rey independiente de la antigua provincia de la Lusitania, y se menciona en la Crónica de Alfonso III la aparición de su tumba en Viseu.
LEYENDA
Portada de La crónica del rey don Rodrigo, que recoge las tradiciones sobre el último rey visigodo y la pérdida de España.Por otro lado, la historia de todo ello se engrosa con una leyenda que enlaza a Don Rodrigo con la familia de Don Julián. Según cuenta la leyenda, Don Julián, Conde de Ceuta, como muchos otros nobles, envía a su hija Florinda (la Cava) a la corte de Toledo para ser educada y también con la idea de que era un buen lugar para encontrar marido entre los hijos de otros nobles. Por aquella época, el rey visigodo Don Rodrigo padecía sarna y era Florinda la elegida para que le limpiara la sarna con un delicado alfiler de oro. Así se fue fijando el rey Don Rodrigo en ella, queriéndola poseer, pero no en matrimonio. Con el tiempo y guiado por la lascivia, forzó a la joven. Ella, tras la consumación del acto, envía a su padre una serie de regalos entre los que pone un huevo podrido. Don Julián, recibiéndolo, comprendió lo que había pasado. Fue a Toledo a reclamar a su hija, aunque para no levantar sospecha, dice que debía llevarse a Florinda con él, ya que su mujer estaba terriblemente enferma y sólo la visión de su hija podía hacer que recobrase algo la salud. Don Rodrigo no desconfía y entrega la chica a su padre. Don Julián regresa a Ceuta y más ofendido que nunca entabla conversaciones con Musa ibn Nusair, para desembarcar en la Península Ibérica. Lo que no esperaba nadie es que los musulmanes tuvieran planeado quedarse allí. De hecho, con anterioridad se había hecho, por ejemplo Atanagildo llamando a los bizantinos o Sisenando, llamado a los francos, para que apoyaran a un noble u otro en las luchas intestinas de los visigodos. ¿Por qué no llamar ahora al nuevo poder emergente musulmán?
De todos modos, al margen de esta historia coexisten una serie de pruebas menores que demuestran cómo, de algún modo u otro, Julián y parte de la aristocracia visigoda se esfuerzan deliberadamente por despertar el interés de los musulmanes hacia la Península y de que en un primer momento les prestaron considerable ayuda.
Agila II (710-716)
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Agila II (ca. 681 - 716) fue rey de los visigodos entre 710 y su muerte. Su nombre se transcribe ocasionalmente también Aquila, Achila o Akhila, de acuerdo a las diferentes ortografías empleadas por los romanos para representar el sonido /j/, inexistente en latín. Waqila, en las fuentes árabes.
Apenas se conservan noticias de su reinado, aunque son testimonio del mismo diferentes monedas conservadas procedentes de las cecas de Narbona, Gerona y Tarragona.
Hijo del rey Witiza, fue asociado al trono por su padre alrededor de 708 y nombrado monarca tras la muerte de éste en el 710 en la zona norte del reino, las provincias romanas Tarraconense y Narbonense, mientras que Don Rodrigo ocupaba el sur, con capital en Toledo. El enfrentamiento entre ambos daría lugar a que su tío Oppas, obispo de Toledo, solicitase ayuda a los musulmanes que ocupaban el norte de África para enfrentarse a Don Rodrigo, lo que provocó la invasión del 711. Tras la muerte de Rodrigo ese mismo año, probablemente fue reconocido rey en Toledo.
Al parecer en el año 712 Agila, junto con sus hermanos y un extenso séquito, viajó a Toledo, de donde el líder musulmán Tarik debió remitirle a Musa ibn Nusayr, quien no quiso asumir ninguna responsabilidad política de deslindar las pretensiones al trono del visigodo. Por lo tanto, envió al monarca a Damasco, para que fuera el Califa quien tomara la última decisión. Agila debió salir de Hispania el mismo año 712 y la nobleza witiziana quedó temporalmente sin un líder sobre el terreno, aunque la dirección política del partido witiziano fue asumida probablemente por parientes u hombres de confianza de Agila.
En el 714 debió conocerse en Hispania la renuncia fáctica al trono de Agila, y los magnates witizianos de la Tarraconense y Narbonense eligieron un nuevo rey, en circunstancias desconocidas: Ardón. Agila se mantendría como rey en una zona reducida del norte hasta su muerte en 716.
Fueron sus hermanos, hijos también de Witiza: Olmundo y Ardabasto.
Agila II (ca. 681 - 716) fue rey de los visigodos entre 710 y su muerte. Su nombre se transcribe ocasionalmente también Aquila, Achila o Akhila, de acuerdo a las diferentes ortografías empleadas por los romanos para representar el sonido /j/, inexistente en latín. Waqila, en las fuentes árabes.
Apenas se conservan noticias de su reinado, aunque son testimonio del mismo diferentes monedas conservadas procedentes de las cecas de Narbona, Gerona y Tarragona.
Hijo del rey Witiza, fue asociado al trono por su padre alrededor de 708 y nombrado monarca tras la muerte de éste en el 710 en la zona norte del reino, las provincias romanas Tarraconense y Narbonense, mientras que Don Rodrigo ocupaba el sur, con capital en Toledo. El enfrentamiento entre ambos daría lugar a que su tío Oppas, obispo de Toledo, solicitase ayuda a los musulmanes que ocupaban el norte de África para enfrentarse a Don Rodrigo, lo que provocó la invasión del 711. Tras la muerte de Rodrigo ese mismo año, probablemente fue reconocido rey en Toledo.
Al parecer en el año 712 Agila, junto con sus hermanos y un extenso séquito, viajó a Toledo, de donde el líder musulmán Tarik debió remitirle a Musa ibn Nusayr, quien no quiso asumir ninguna responsabilidad política de deslindar las pretensiones al trono del visigodo. Por lo tanto, envió al monarca a Damasco, para que fuera el Califa quien tomara la última decisión. Agila debió salir de Hispania el mismo año 712 y la nobleza witiziana quedó temporalmente sin un líder sobre el terreno, aunque la dirección política del partido witiziano fue asumida probablemente por parientes u hombres de confianza de Agila.
En el 714 debió conocerse en Hispania la renuncia fáctica al trono de Agila, y los magnates witizianos de la Tarraconense y Narbonense eligieron un nuevo rey, en circunstancias desconocidas: Ardón. Agila se mantendría como rey en una zona reducida del norte hasta su muerte en 716.
Fueron sus hermanos, hijos también de Witiza: Olmundo y Ardabasto.
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